El cristianismo se originó en Palestina, oficialmenteanexada a Roma el año 6 d.C., cuando aquella estaba enebullición. Por entonces había muchas sectas, algunasespirituales y otras políticas, que esperaban alMesías, al Salvador prometido, que los libraría dedominioRomano. El fundador del cristianismo, Jesúsde Nazaret, comenzó a predicar que "El reino de Diosestá próximo", mensaje que muchos judíos esperaban,por lo que lo siguieron multitudes, pero las
autoridades Judías sospecharon de él y sus seguidoresdisminuyeron. Después de predicar sus enseñanzas portres años, fue aprehendido, juzgado y crucificado porla autoridad romana. A pesar de lo anterior, la fe cristiana comenzó a propagarse, si bien en un
principio se situaba en un contexto puramento judaico.Pablo de Tarso, judío converso, amplió el ámbito del cristianismo al predicar en las islas del Egeo, Asia Menor, Grecia, Italia, etc., donde existían comunidades judías, que no siempre se convertían.
Muchas veces estallaron revueltas anticristianas,llegando estas comunidades a separarse
irremediablemente cuando los cristianos no apoyaron el levantamiento judío del año 66 d.C.
Antioquía, considerada la cuma del cristianismo de los gentiles, extendió su influencia hacia el norte y el este. En el siglo I se construyeron iglesias en Roma y al parecer en España. A mediados del siglo II, éstas se habían extendido a las provincias orientales del imperio y aparecían en el valle del Rhin y al norte de África. La importancia que cobró el
cristianismo atrajo la atención de escritores como Plinio el Joven y Tácito, que describió cómo Nerón utilizó a los cristianos para desviar la hostilidad que había contra su persona. En el siglo III, al decaer los cultos tradicionales, el cristianismo se transformó en una fuerza considerable. Cuando el emperador Constantino decidió aceptar el cristianismo, a principios del siglo IV, sus motivos fueron más bien políticos, pero significaron una decisión trascendental. El año 313 el Edicto de Milán consigna la libertad religiosa y la igualdad de derechos para los cristianos, la devolución de bienes expropiados a la iglesia y la abolición del culto estatal. Posterirmente, el cristianismo fue establecido como religión oficial del imperio. Los acontecimientos que modificaron la posición de la iglesia fueron las invasiones de los germanos en Europa occidental durante el pontificado del papa León I (440-461) y el rapidísimo avance de Islam a partir del 635. La fuerza de Islam arrasó tres de los cinco (Alejandría, Jerusalén y Antioquía), amenazó el de Constantinopla y afectó al de Roma. Tanto España como el norte de África se perdieron e Iliria cayó en manos de esclavos de esclavos paganos. La suerte que corrió el oeste no fue muy diferente, pues la mayoría de los invasores, aunque cristianos, eran arrianos y no aceptaban la autoridad papal. Los francos y los anglosajones eran paganos. A principios del siglo VIII la situación empeoró. En lugar de tener una iglesia unida, las disputas entre Roma y Constantinopla por obtener la primacía comprometieron la autoridad de la iglesia y en muchas regiones (Galia y España) las iglesias eran casi independientes.